Lo de ayer en el Congreso de los Diputados fue, como tantas veces,
penoso. Es como si la que estuviera cayendo no fuera real; como si,
para los que pasan las tardes por aquellos pasillos, la crisis fuera
una pieza color marfil en sus tableros de juguete. Viven en ridículos
espectáculos de foco y rueda de prensa.
Sin embargo creo que tanta cháchara y tanta frase hecha no responde a
un alejamiento de la realidad sino a algo más perverso. Estoy
convencido que creen que nos chupamos el dedo por parejas y al
unísono.
Se gritan los unos a los otros sin aportar nada, como si todo esto
fuera una especie de entretenimiento siniestro para los elegidos de la
butaca de piel. Viven en su mundo, y su mundo poco o nada tiene que
ofrecer al resto de los mortales. Se jalean, se aplauden, se abuchean
y pasan la tarde tan a gusto, mientras esta noche, un mayor número de
españoles se irán a dormir sin cenar.